Instagram, TikTok y el mapa te traen gente. Eso es atención. Oficina es otra cosa: una dirección que sigue abierta cuando el feed ya empujó tu foto hacia abajo. Una que se puede reenviar —«te paso la web»— y que no depende de que una red cambie las reglas un martes.
Tenemos perfil, estrellas, un destacado con precios. Creemos que «ya nos conocen». Hasta que un referido busca el nombre y cae en un homónimo, en un Facebook de mil catorce o en un aviso de clasificados.
Falta, casi siempre, una URL tuya. Un texto que diga quién sos, en qué zona, cómo se pide un turno o un presupuesto. Una conversación en la página que no sea plantilla. WhatsApp para cerrar, sí: después de saber qué quiere la persona.
Nadie pide que dejes las redes. Pide que dejen de ser el único mostrador. Los seis sitios de esta sección —música, salud, seguridad, tres estudios— tienen dominio propio por eso, no por moda.


