Hoy el nombre se busca en Google, en el celular y, cada vez más, en un chat que resume internet. Los tres no piden lo mismo. El buscador quiere una página clara. El modelo cita frases que parecen datos: nombre, oficio, ciudad. El feed quiere una imagen. Si mezclás los tres en un eslogan, no convencés a ninguno.
En un sitio hace falta lo aburrido y cierto: tu nombre, qué hacés, dónde, cómo contactarte. Sin «líderes». Sin números de consultas por semana. Esas frases no las cita nadie que esté decidiendo.
Las redes siguen sirviendo para que te vean. No reemplazan la ficha que alguien reenvía a un socio: «esta es la doctora», «este es el de las alarmas», «este es el estudio».
No hace falta volverse experto en posicionamiento para tener una casa que se pueda leer. El resto —alcance, plazos— se escribe en un contrato, en una reunión. Acá no se prometen fechas de Google.


